¡¡Pasmados!! Cubiertos del asombro que aún asoma a nuestras mentes por la hazaña consumada la tarde del pasado sábado, cuando tras casi 10 días amarizaron tras culminar su espectacular Misión Artemis II a bordo de la nave Orion sus cuatro tripulantes sanos y salvos -Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hansen-, tras el viaje que orbitó la Luna sumando un recorrido de 406,771 kilómetros, alcanzando con éxito la mayor distancia que haya sido recorrida por un ser humano a la fecha. Desde 1972, con la Misión Apolo, se habían suspendido este tipo de exploraciones espaciales. La hazaña consumada, pues lo es, no solo deja como saldo las fotografías del lado oculto de la Luna, sino otras más de carácter científico que, se anticipa, tienen que ver con modificaciones del ADN, entre otras.
Este hecho pertenece no solo a los tres vecinos norteamericanos y al canadiense que participaron en ese viaje increíble, sino en sentido estricto a toda la humanidad; más allá de que haya sido posible gracias a la NASA, sus científicos y al gobierno de Donald Trump, con todo y que este singular personaje anda por ahí, y por ahora en el Oriente, arrastrándose en sus suelos en pos de su imperioso deseo con el que cambia a fondo la geopolítica tal y como la habíamos ido conociendo antes de que el voraz apetito que exhiben los poseedores de las principales reservas energéticas en el mundo se hubiera hecho más que evidente. Dios nos agarre confesados, una vez que los diálogos que se dice sostiene con Irán han vuelto a fracasar y Trump amenaza que este mismo lunes impondrá nuevas acciones de fuerza sobre el Estrecho de Ormuz.
En México, por lo pronto, se tambalean los precios de los energéticos en su mercado interno, con todo y que el diésel recibe ya subsidio; y este último, al menos en la zona lagunera, es el energético base sobre el que gira toda la actividad productiva agropecuaria, por lo que tenemos ya inflación al alza. Y para colmo, hay que decirlo, están también más que suspendidos por estas tierras los flujos de estas energías que facilitaba el tráfico del huachicol, dicen los que le saben al tema.
Y en Torreón, ¡vaya aterrizaje! Es decir, el finiquito político y social que generó a lo largo de diez años el hoy fallido tema del Metrobús; tema del que, por cierto, se debe a la población y a la ciudadanía toda una explicación que transparente el proyecto citado, que involucró una inversión estimada entre los mil y los 1,200 millones de pesos. En sus primeras y definitorias etapas de construcción, el tramo que correspondió a Coahuila -pues ya ven y recuerden que el tramo que correspondía a Durango fue extinguido con votación a mano alzada por AMLO-, se hizo y estuvo a cargo del camaleónico ingeniero Gerardo Berlanga Gotés, hoy morenista de nuevo cuño, si bien hoy quien expedirá su acta de defunción es Fernando Simón Gutiérrez, más conocido como “el Guty”, quien cargara con tan salada encomienda.
Falta conocer a detalle y de manera oficial el informe que corresponde a un proyecto fallido de costo multimillonario y de su ídem político también, así como a qué se destinarán sus restos que sean útiles: el uso de sus puntos de arribo y descarga, sus parabus, así como el desglose de su inversión; cuánto se contrató con BANOBRAS y cuánto se pagó a lo largo de 10 años; el monto de la inversión federal, pero sobre todo el monto de la inversión municipal. Cifras que no se conocen a cabalidad y, hay que decirlo, estas “no fueron babas de perico”. Y ah, falta también ver en qué quedó el fincar responsabilidades por el colapso registrado en la plantilla de la Estación Nazas -que luce en total abandono-, no solo de su costo, que cabe al constructor que realizó tal obra, sino de un seguro vigente; suerte que ni tan solo se inició en la segunda Estación Mieleras, si bien se concursó y se asignó.
Sin duda diremos que el Metrobús y sus pretensiones de constituirse como la vanguardia de movilidad moderna fracasó no por cuestiones de orden técnico, sino por otra razón: no se pudo concretar, mucho menos imponer, un “Modelo Económico” que pretendía crear una moderna empresa como una sociedad anónima donde las concesiones serían las acciones a aportar -poco más de 600-, que operan en la ciudad en el servicio del transporte público. Pudieron, a lo largo de 10 años, sortear los “diálogos eternizados con la autoridad” para no constituirse como empresa ni adquirir por lo menos 100 nuevas unidades de transporte público que contarían, con el enganche y aval del Gobierno, hasta con aire acondicionado, cama baja, etc., en una red troncal. De admirarse, pues, la tozudez y la astucia del viejo y mañoso “pulpo camionero” que se impuso con largueza a las buenas intenciones -si las hubiera habido-, de que Torreón contara con un ágil y moderno sistema de transporte público. Cabe hoy preguntar: ¿Quién pagará estos platos rotos? Quizás los más de 120 mil torreonenses que aún utilizan los pobres servicios vigentes. Ya veremos.
Por lo pronto, el alcalde Román Alberto Cepeda González, como heredero de tan espinoso tema, no se refiere para nada a tal fracaso operativo y político; pero por ahora los concesionarios están más que doblados de la risa, ya que ganaron la partida. Y siguen ahí, igual que siempre, tan campantes, esperando el nuevo proyecto.
Algunos lectores de un conocido medio regional, destacado sin duda por sus más de cien años de presencia diaria y sobre todo por su conservadurismo, registramos la inclusión del controversial José Elías Ganem Guerrero, exregidor y titular de la Comisión de Seguridad durante la administración del licenciado Eduardo Olmos Castro, precisamente cuando en esta región y otras muchas se registraron los mayores índices de violencia criminal de que se haya tenido registro, sumando solo en el municipio capital de la comarca alrededor de 3,000 homicidios y equis número de desaparecidos. José Elías, años más adelante, fue designado Secretario del Ayuntamiento de Torreón en su actual administración, cargo que desempeñó fugazmente con muchas incógnitas y otros hechos que generaron su intempestiva salida, por causas de orden político dicen algunos.
De ahí que el haber sido acogido en las páginas editoriales del medio que tiene como lema ser el “Defensor de su Comunidad”, pues a José Elías no se le conocía inclinación literaria o periodística alguna como editorialista, dejó con el ojo más que cuadrado a más de alguno de sus enemigos -que los tiene-, pero mucho más a sus amigos por tal desconocida faceta. Pero sobre todo por la publicación de su escrito en el diario mencionado que, apenas el pasado sábado, lo tundió con pesada mano en su columna política por su participación editorial presentada por ese mismo medio; es decir, “la serpiente se mordió su cola”. Tal hecho generó la versión de que José Elías Ganem Guerrero cuenta con “la bendición” y con ello “la protección” de Alejandro “Alito” Moreno, el líder nacional del PRI, y que su relación ahora estrecha se generó cuando Pepe figuró como líder juvenil del PRI local. Trascendió también que “Pepe” es por ahora el suplente del puesto de primer regidor que ocupa el licenciado Jorge Luis Cuerda Serna -este sin mayor trayectoria priista, pues solo cuenta con haber sido el exlíder de la Canaco local-. Hasta hoy, el pedigree de Ganem Guerrero no fue finalmente suficiente para impulsar a su cónyuge, la licenciada Martha Rodríguez, aún titular del Tribunal de Justicia Municipal, a una ansiada postulación priista a diputada local, con todo y que pudo superar, como funcionaria, el deceso de un reo bajo su custodia en la cárcel del tribunal citado. Otra vez y en otro tiempo quizá será.
Y este mismo fin de semana falleció el estimado colega Enrique Proa Villarreal, miembro de la que fuera vieja guardia gestada en La Opinión, diario de los laguneros, donde forjó el oficio que fue su vida. Hoy domingo, rodeado de los suyos y amigos, recibió cristiana sepultura. Descanse en paz.
Y retornan las prisas, el bullicio y la algarabía de miles de menores y jóvenes a sus aulas, y el resto de la población a sus actividades cotidianas tras el receso que imponen las vacaciones de Pascua.



