Aquí Laguna.

¡Paradojas! Las que el destino depara, como es el caso de la que por ahora desata la decisión del gobernador Manolo Jiménez Salinas al empujar rumbo a la presidencia del municipio de Torreón al ingeniero Miguel Ángel Riquelme Solís, quien a su vez y en su momento impulsara al ahora gobernante al cargo que desempeña tras haber sido también, cual vidas paralelas, alcalde del municipio de Saltillo. Claro que, para hacer tangible tan singular camino, resta implementar los pasos que la ley fija para esta singular sucesión que el deceso del licenciado Román Alberto Cepeda González impuso, y que en principio deberá finiquitar con la consabida sesión a efectuarse, se dice, el próximo martes, para legitimar así el nombre y el hombre de quien tendrá a su cargo el destino del municipio de Torreón en lo que resta de la que fuera la segunda vuelta al hilo, en reelección, al frente de la administración municipal que en las urnas alcanzara el fallecido alcalde. Este episodio, inscrito ya en la historia de Torreón, genera, entre otros muchos pensamientos, la reflexión obligada sobre el poder ante la vastedad del universo y lo pequeño de nuestras vidas.

Aterrizando, diremos que desde la mañana del pasado martes el nombre del ahora exalcalde, exgobernador y senador con licencia, Riquelme Solís, se empezó a imponer entre la baraja de nombres de otros considerados como elegibles para tal encargo; si bien y sin duda era, por trayectoria, el de mayor peso específico. Mucho, pero mucho se escuchó entre “los de abajo” -es decir, los que no cuentan con poder de decisión alguno y solo expresan buenos deseos-, el nombre del licenciado Eduardo Olmos Castro en torno al futuro que se le depare en los espacios del poder público, luego del evidente esfuerzo desarrollado desde el modesto cargo de Secretario del Ayuntamiento para enderezar la nave que se hundía y hacía aguas en las procelosas corrientes del poder local y su relación con otro de mayor envergadura. Esto en medio de la crisis que la salud física del ahora fallecido alcalde generaba, con los obligados cambios del gabinete en los puestos de mayor significancia funcional y política, como fue el caso del exdirector de Policía -con orden de aprehensión vigente-, y el relevo del Tesorero Municipal. Se logró enderezar el barco y establecer la gobernanza suficiente con la cual enfrentar la contienda electoral que finalmente arrojó el esperado saldo; es decir, el triunfo en los cuatro distritos electorales en juego en este mismo mes de junio.

Diremos que también se advierte esperanza de que el relevo a cargo del ingeniero Riquelme refleje el ejercicio de una administración con un mando experimentado y maduro, de vuelta de muchos avatares, y logre que el municipio recupere la dinámica que el virtual designado impusiera a lo largo de su pasada gestión como alcalde de Torreón, con la que se inició la modernidad urbana y la implosión esperada en su economía, la cual aún busca, tras el esfumado reino del algodón y de su acotada élite ganadera, nuevas vocaciones más allá de la mera maquila y la miseria laboral que ello genera y que se advierte de manera notable en estas tierras, para ir más allá de asegurar meras expectativas electorales. Torreón da para más. Sin embargo, cómo olvidar que el ingeniero Riquelme regresa y deberá enfrentar el finiquito total del fallido proyecto del Metrobús que tanto lo espera.

El lloro y crujir de dientes es el que se escucha entre algunos miembros del actual gabinete municipal, en especial entre los que llegaron de la mano del fallecido alcalde y que, por razones generacionales y de clase, no tuvieron cercanía alguna con quien estará sucediéndolo a partir del día primero de julio. Si bien algunos estarán superando tal prueba de ácido en función de si las tareas que han desarrollado así lo ameritan, el ingeniero Riquelme es pragmático: no intelectualiza funciones, exige resultados y quizás salven el cargo; otros, pues no. Citándose solo como ejemplo de tal situación resulta ser, sin duda, el titular de SIMAS Torreón, Roberto “Bob” Escalante, quien no pudo, no quiso o no lo dejaron sacudirse de factores externos que dominan la catastrófica situación de la paramunicipal. Entre estos se atribuyen intereses no solo económicos, sino de dominio de la escena, al controversial José Elías Ganem Guerrero, una vez que trasciende que son cuatro, sí, cuatro las empresas que, cual escudos del citado, aparecen en los contratos de servicios de mantenimiento; servicios que deben someterse ya a una auditoría técnica que verifique si se hacen o no, si bien se cobran, una vez que la tradicional empresa con la que vino operando fue sustituida por otras fantasmales empresas amigas.

Otro punto que se dice que es más que escandaloso es la operación de abasto de agua a través de pipas, algunas facturando ¡hasta 70 viajes diarios!, lo que constituye por ahora, y falta más, auténticas sangrías a las muy vapuleadas finanzas de la paramunicipal si se suman, además, los cientos de proveedores que se les arriman cual abejas a la miel. Eso sin contar con los juicios perdidos, entre ellos uno más que preocupante una vez que ha sido ganado ya en el ámbito judicial el recurso interpuesto por Juan José Fernández, y que involucra el pago, trueque o el resarcimiento por 160 millones de pesos, una vez que, convenido, no se le hizo entrega de gota alguna de aguas tratadas. Y esto es lo que trasciende, además de otro asunto que nomás no avanza, como es el caso del ingreso que genera el pago o cobro de las aguas negras que se acaparan en la Vega de Marrufo y que incluso generó ya una asociación de usuarios que se resiste a pagar tales entregas por habérseles elevado el cobro por metro cúbico sin sensibilización previa y, por ello mismo, se dice que no pagan. ¿Andará el SIMAS en busca de su propio parley para sobrevivir? ¡Y qué decir de la nómina!, más inflada que un globo de cantoya. Sin duda, el ingeniero Riquelme tiene ya mucho en qué ocuparse luego de que arribe de nueva cuenta al edificio municipal y recomponer, para empezar, el fantasmal Consejo de Administración, a cuyas escasas sesiones, cuando las convocan, ni siquiera se cuenta con la asistencia del primer regidor, Jorge Luis Cuerda Serna, como titular de la Comisión del Agua en el cabildo. Por cierto, más que criticado resultó este último cuando, sin guardar las formas ni el tiempo debido, se asentó en las oficinas que ocupara el fallecido alcalde, sin dar oportunidad a la familia de desalojar con el tiempo adecuado y la privacidad necesaria los artículos personales del desaparecido.

Han concluido ya las actividades que fija el calendario que rige los tiempos de la Universidad Autónoma de Coahuila para dar paso a las vacaciones de verano, previo al inicio del próximo ciclo escolar. Resulta que desde antes se hizo evidente la ausencia de sus directivos, quienes se esfumaron literalmente de sus funciones, finiquitando el ciclo sin formalidad alguna cuando en tal institución resulta evidente que hay muchos temas de mantenimiento pendientes.

Por otra parte, notable ha resultado la ausencia formal del secretario de Gobierno, Óscar Pimentel González; ni tan solo fue advertida durante la pasada elección intermedia. Se trasciende que ello se debe a que atiende temas de orden familiar por demás importantes, para los cuales deseamos desde esta esquina de papel que alcance los resultados esperados.

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Author: Olga Quirarte Ramírez