Aquí Laguna.

¿Fascismo? ¿”El huevo de la serpiente”? Con eso de los lineamientos sobre el Derecho de las Audiencias, propuestos ya por la Presidencia de la República a través de su consejera jurídica, la exdirigente de MORENA, Luisa María Alcalde, que si bien versarán sobre las actividades de la radio y la televisión, sin descartarse como secuencia lógica a la prensa escrita y las redes sociales, la propuesta incide directamente en el ejercicio pleno de uno de los derechos civiles más caros para la humanidad, que hasta ahora el Estado mexicano había respetado casi íntegramente a lo largo de su existencia, con todo y los asegures de que ciertos períodos de nuestra historia hayan sido un tanto lastimados, pero nunca había intentado “reglamentarlo” y, según los lineamientos exhibidos, imponer sanciones por un órgano clasificador emanado de sí mismo.

Eso va más allá de la simple y llana censura tal y como hasta hoy la hemos venido viendo, y que autorregulada da origen a la autocensura, es decir, a una singular autorregulación a modo. El tema tiene más picos que una custodia y dará mucho no solo de qué hablar, sino de resistirlo, no solo para la supervivencia del oficio, materia prima de los medios, sea cual sea el sistema de comunicación utilizado por parte de sus conductores -interesante eso de que se da luego en la radio y la televisión a los conductores de noticiarios, ya que estos deberán exhibir en pantalla qué de lo difundido resulta ser mera noticia y qué tanto resulta de opiniones personales, amén de las dificultades técnicas que se presenten-. Y solo basta imaginar el pandemónium que provocaría que estos “lineamientos” se apliquen sobre los contenidos de las redes sociales, pues esto equivaldría a una reedición modernizada de la Torre de Babel al infinito.

Cabe preguntar en qué estará pensando el grupo duro del actual régimen cuando el país “se cae a pedazos”, no solo en materia de seguridad pública en muy amplias regiones del país, con una hosca y ruda guerra con el grupo en el poder público que encabeza Donald Trump del vecino país del norte, con el tema de la inseguridad que impone en la relación el tema del narcotráfico, aderezadas con el muy perceptible segmento que en este tema representa en la relación el caso del Mayo y Rocha Moya, que nos tiene a los mexicanos en la picota pública internacional por tener un “narcogobierno” que más que orondos soportamos.

Por cierto, por dónde andarán nuestros legisladores federales -los padres de la patria, pues-, y también los locales para emitir siquiera opiniones en el ámbito seguro que les da su fuero, pues el resto del país no cuenta con tal protección, amén de los dirigentes de las diversas organizaciones partidistas que parece han delegado en el círculo rojo de los “opinadores” el peso real de mantener una línea clara de resistencia, que no significa ciertamente aún oposición formal alguna al régimen.

Se espera con interés la revisión obligada que la nueva administración municipal a cargo del ingeniero Miguel Ángel Riquelme Solís presente al contrato-concesión que se cedió por 25 años -un cuarto de siglo-, a favor de la empresa Consorcio Ecourbano Ambiental (CEA) apenas el pasado mes de marzo, que ya le cuesta al erario público de tal fecha a la presente una erogación de 156 millones de pesos, a los que habrá de agregar al servicio de limpieza de la ciudad el costo que implica una nómina que corresponde a por lo menos mil trabajadores más que constituyen la fuerza de trabajo del equipo de “La Ola”, que destina sus esfuerzos también al barrido y recolección de basura a lo largo de calles y avenidas en Torreón. ¿Dónde quedó el ahorro si es que en algún momento se consideró tal oportunidad? Resta pues saber a cuánto asciende el costo de tal servicio público, amén de que se exhiban las carencias de lo prometido para conseguir tal favor por los empresarios que se alzaron finalmente con el contrato-concesión para mejorarlo y que ya cobran tan campantes.

Lenta, pero en operación, se mantiene la guillotina y su afilada cuchilla pende sobre varias cabezas de quienes formaron parte de la trunca administración que estuviera a cargo del extinto alcalde Román Alberto Cepeda González; y hasta esta mañana, pian pianito, el alcalde Riquelme Solís desveló al término de su cotidiano encuentro con los medios que estarán quedando fuera Miguel Ángel Zúñiga Chávez, director de Servicios Administrativos, y el director de Ingresos, es decir, el eterno contrincante de Javier Lechuga como profesionales de la contaduría que ambos son. Abonando a su capacidad profesional, puede afirmarse que el contador Roberto Barrios Hinojosa dio buenos resultados en materia de recuperación de los rezagos históricos que en materia de Impuesto Predial había venido registrando el municipio de Torreón, factor que incide en la fórmula bajo la que recibe las participaciones federales, si bien también se lleva algunos señalamientos de algunos causantes a los que logró cobrarles “muy feo”; pero diremos que Javier Lechuga no resulta ser rey de simpatía alguno y está más que chiflado: basta y sobra preguntar sobre su trato al comité del sindicato de trabajadores al servicio del Ayuntamiento.

Y en SIMAS-Torreón trascendió que, además de las tareas de bombero que ejerce por ahora su nuevo director Xavier Herrera Arroyo, apagando fuegos que generan las inconformidades ciudadanas por falta de líquido en sus domicilios en muy diversos puntos de la ciudad, y las tareas de control de daños que técnicamente se aplican por ahora en el retrasado mantenimiento de los pozos del sistema que aún rinden flujos, no por ello cesa el cortadero de cabezas de quienes formaron parte del equipo del bobalicón de Bob Escalante, a quien por cierto no le cae aún el veinte del lío en el que está metido y se fue a Tulum a gozar de vacaciones.

En este marco se inscribe el despido del área jurídica de Simas Torreón del licenciado Maldonado, quien fuera subsecretario del Ayuntamiento en los tiempos en los que el licenciado Jorge Luis Morán fungiera como alcalde sustituto del inconcluso período a cargo del ingeniero Miguel Ángel Riquelme. Y seguirán, sin duda, más de los corridos.

Y esa mañana el sol volvió a salir para dos importantes miembros de la familia Cepeda, al menos públicamente, al recibir como anfitriones en la colonia Elsa Hernández de de las Fuentes, sus dominios, y portando todos el unificador chaleco verde, la presencia del ingeniero Miguel Ángel Riquelme Solís.

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Author: Olga Quirarte Ramírez