¡Impasse! El cual se espera concluya este martes 2 de junio de reaparecer en la escena política local el alcalde de Torreón, licenciado Román Alberto Cepeda González, ajeno a tal escenario desde hace ya las dos últimas semanas, con todo y que en ello va el 50% del tiempo que la ley destina al ejercicio del periodo electoral enfocado en la única elección local que se celebra en todo el país; en este caso, en Coahuila, para renovar su Congreso Estatal. De ahí que Coahuila se convirtiera en el centro de atención para todos los partidos políticos que juegan con sus candidatos a las 16 diputaciones de mayoría en disputa, concentrando el ejercicio de sus fuerzas, débiles o potentes, en la tarea.
De ahí también que la ausencia del alcalde de Torreón, del municipio capital de la Laguna, haya sido notable a lo largo no solo del periodo electoral que tendrá su conclusión el próximo domingo 7 de junio, sino incluso de los meses que lo han precedido. Resulta que, ante la falta de una política de Comunicación Social oficial por parte del Ayuntamiento de Torreón que preside, por segunda vuelta, el licenciado Cepeda González, un espeso velo de silencio oficial rodea la presunta enfermedad que lo aqueja. Según versiones y rumores que se difunden con mucha osadía en los medios y mentideros políticos, la enfermedad que registra su humanidad, cuyos inicios visibles o supuestos arrancan desde los meses de otoño de 2025, ha registrado crisis durante este periodo, manteniéndolo al margen en las últimas semanas sin que hasta este momento el sujeto político mencionado haya tenido a bien revelar la condición de su salud física.
El deterioro advertido en la misma resulta ser más que notable para la población, sobre todo si se tiene en cuenta que el licenciado Cepeda González, según consta, hasta antes de que se registrara al menos extraoficialmente el tropiezo en su salud física, lucía una vigorosa estampa que le daba notable presencia y vigor, el cual en sus últimas apariciones registradas en esta ciudad se le ha ido extinguiendo poco a poco, dejando solo el recuerdo. Esta situación alcanzó el pasado fin de semana notas por demás altas en el ámbito de la rumorología, que no solo daban por sentado el agravamiento del alcalde Cepeda González, sino que iban más allá, incluso a ventilar versiones de que su relevo en el cargo que ocupa era inminente, todo esto sin ubicar el sitio hospitalario local o extramuros de la ciudad donde era objeto de la atención médica requerida. Finalmente, trascendió de una fuente confiable que el alcalde se encontraba recluido en su domicilio superando, hasta el pasado sábado, una neumonía.
Diremos también que el tema de la salud no ha sido utilizado hasta hoy de manera pública como objeto de utilización política o desdoro por parte de las fuerzas opositoras. Lo anterior, diremos, no quita que se comente también lo serio que resulta la falta de una política de comunicación social efectiva que ubique el tema de la salud del alcalde como lo que es: una afectación humana de consecuencias ineludibles para todos los mortales, como lo es el alcalde, y no objeto de secretismo alguno. Este silencio, en este caso como en otros muchos más, ha dado lugar a todo tipo de especulaciones y versiones, algunas sin sentido o exóticas, que si bien reflejan los intereses de las fuentes emisoras —que son muchos—, entre ellas se encuentran las del orden sucesorio al interior de su propio partido y equipo de trabajo. Es fecha que no se conocen por parte de la población en general las condiciones exactas de salud y qué afectación aqueja a su alcalde y, al parecer, no se conocerá, por lo que todo ello seguirá formando parte del caudal de la leyenda urbana.
Debemos considerar que el tema de la salud es para cualquier persona un asunto privado de orden personalísimo y debe tener por ello respeto absoluto sobre cualquier decisión que tome al respecto; pero no es el caso de un alcalde, un sujeto público en funciones de un cargo de elección popular. Por cierto, el tema de la salud, en especial la de los poderosos de esta tierra, hizo recordar entre algunos comentócratas el famoso “Síndrome de Hubris”, que tan bien describe David Owen en su libro “En el poder y en la enfermedad”, a cargo de Editorial Siruela. En él describe con fruición la desmesura, el exceso y lo que se desarrolla en la conducta adquirida por el ejercicio prolongado y excesivo del poder, que entre otras expresiones incluye el orgullo extremo, el desprecio por la opinión de los demás, la confianza y la fe absoluta en su propio juicio, la pérdida de la realidad y el aislamiento, además de creerse solo responsables ante la historia o un poder superior, no ante sus iguales o el pueblo.
En fin, que Dios le dé pronta recuperación al alcalde y vuelva al ejercicio de sus funciones ahora en suspenso, lo que quizás le permitiría presidir el término del periodo electoral vigente y con ello, como es meta, el triunfo de los cuatro candidatos a igual número de distritos locales ubicados en el municipio de Torreón. Esto último dicen también los expertos, según augurios y encuestas, a modo o no, que no hay peligro electoral en el horizonte de Torreón y en general en la zona lagunera; sus números así lo indican, dicen. Pero ya se sabe, ya veremos el próximo domingo 7 de junio, más allá del mediodía, cuál es el resultado numérico que arroja el conteo de votos emitidos.
¿Y qué decir de la oposición en Coahuila? Al parecer el desánimo ya cunde entre sus filas, pues la mayoría, incluso el PAN, carece de la infraestructura que les permita conducir simpatías y apoyos hasta las urnas. Se advierte que esta campaña pasará a la historia por el uso intensivo, excesivo diríamos, de las herramientas digitales sobre las campañas de tierra y aire que habían singularizado esta operación electoral; algunos partidos de nuevo cuño ni eso hicieron. Al parecer y a ojo de buen cubero, solo Movimiento Ciudadano hizo ruido, pues ha de haber destinado la mayoría de sus recursos al pago de espacios en YouTube, pero ¡a favor de Jorge Máynez! No así tales espacios para difundir, ya no digamos propuesta alguna, sino siquiera rostros y nombres de sus candidatos locales; bueno, no alcanzó ni tan solo espacios para el Jimmy Martínez Veloz, de vacaciones, cual candidato itinerante ahora bajo las banderas naranjas. Muchos años pasarán, Dios mediante y si Dios lo permite, para volver a verlo en su terruño.
Y el miércoles llegará el silencio, ese que marca la ley y que está destinado a la reflexión del votante sobre las propuestas presentadas, y para los candidatos y sus partidos, las acciones finales de la organización de su participación en la elección. Que la suerte los acompañe.



