Aquí Laguna.

¡Transparencia!, indispensable y no solo como una decisión nacida de voluntad política alguna, sino como una demanda permanente de cualquier sociedad que aspire, siquiera aspire, a ser democrática. De ahí que resulte esperanzador que el nuevo alcalde de Torreón, el ingeniero Miguel Ángel Riquelme Solís, eche mano de la experiencia política que en materia de gobierno le ha dejado su paso por los diversos cargos del ámbito ejecutivo, aderezados todos con el alcanzado en el ámbito legislativo en materia de valorar y apreciar la sensibilidad de la población respecto a la información pública. Es el caso del contenido e impactos que tendrá sobre la ciudadanía de Torreón la operación del largo contrato de concesión del servicio de limpieza recientemente otorgado al grupo de empresarios regiomontanos y dos locales, para realizar a lo largo de 25 años —es decir, el próximo cuarto del siglo XXI— tal concesión pública. Esta cuesta al erario público municipal la nada pequeña suma de 40 millones de pesos mensuales por tal servicio, con todo y que, como grupo de coadyuvancia creado hace algunos años exprofeso, se suma el costo de por ahora mil trabajadores de La Ola que realizan efectivos trabajos de barrido y hasta de orden ecológico, como es el cultivo y cuidado de árboles.

Cabe preguntar sobre el famoso contrato concesión vigente: ¿sabía usted que, aun haciendo uso de una solicitud formal al área de transparencia municipal, el acceso a dicho documento se niega de entrada? Al parecer, tal documento es tema de alguna “cosa nostra” que no debe ser del conocimiento público. Además, resultaría interesante saber de dónde nació la decisión de cubrir con secretismo un asunto público, al más puro estilo del obradorismo con sus obras faraónicas. Así que sea bienvenida la promesa del ingeniero Riquelme Solís de conocer y mostrar de manera pública el contenido del contrato concesión, no solo por voluntad política, sino por simple y llano acatamiento a la ley y, sobre todo, por respeto a los ciudadanos. Además, tal secrecía da pie a especulaciones sobre quién resultó finalmente ganador en este “negocio”.

Y si este tema resulta algo turbio, más lo es aún lo que en estos días se debate al interior del Simas Torreón, una vez que la cabeza de su actual director, Roberto Escalante, pende de un hilo y se le acaban sus días de “vino y rosas”, según se cuenta; o más bien dicho, dependen de la voluntad de quien hoy tiene a su cargo el destino público del municipio. Esto, de probarse las escandalosas condiciones que se dice registra la administración técnica y financiera, cuyos pasivos informales trasciende que alcanzan una suma muy superior a los mil millones de pesos, con todo y que registra un ingreso mensual de 99 millones de pesos. Por lo pronto, es vox populi que su relevo está ya más que puesto en la persona del contador público Xavier Herrera Arroyo, una vez que su conocido equipo de trabajo mantiene bajo revisión y en entrevista a todos y cada uno de los ya bien identificados nueve grupos de interés que se disputan la sangría de la empresa paramunicipal desde hace muchos meses. Esto ocurre a través de contratos de concesión a múltiples grupos y particulares como proveedores de los más diversos artículos y servicios, sin que se haya puesto orden y transparencia en una gestión que ahora tiene al Simas Torreón, a su director y al fantasmagórico Consejo de Administración en la picota pública y, algunos dicen, a unos pasos de la cárcel.

Ya veremos y diremos. Ya sabemos que a los mexicanos poco o nada nos importa lo caro o barato que resulte la prestación de un servicio público, siempre y cuando este se preste de manera eficiente; el problema estalla cuando, además de que este nomás no se presta, también se saquea el negocio. En este marco, con todo y que la leyenda urbana ubica a José Elías Ganem Guerrero como el villano favorito, dicen que hay otros de mayor calado y señalan al actual contralor, el extesorero que se estima es el guardián del tesoro de la pasada gestión. Pero hay muchos actores pequeños, no por eso menos costosos, a los que el ingeniero Riquelme deberá identificar y, en el caso de poder ser probados presuntos actos de corrupción, fincar el destino necesario. Con todo y que se afirma que debido a la inminencia del tiempo político electoral que derive en la sucesión de la alcaldía, además de los diputados federales, tales actos de simple justicia resultarían temerarios, diremos que ya basta: tantas complacencias resultan repelentes.

Y vayan ya los rumores como secuela de la obligada sucesión que impuso la fatalidad a la alcaldía de Torreón. A solo un mes, surgen en diversos rincones, con interés o sin él, las versiones de quienes aspiraron a ser considerados en la sucesión finalmente resuelta a favor del ingeniero Riquelme Solís y que ahora sufren el “desempance” correspondiente. Se vale aspirar, es legítimo, pero al parecer se apresuraron y no alcanzaron éxito alguno más allá de la exhibición de sus ilusiones. Entre estos se menciona al hoy diputado Hugo Dávila, quien aspiraba al cargo bajo el peso político de quien finalmente asumió dicha responsabilidad. Con Dávila Prado se sumaba a favor el ser el compañero generacional del actual gobernador y su larga experiencia de trabajo en territorio a través de la relación político-emocional que se deriva de atender el principal programa asistencial del Gobierno estatal; pero ya se vio que finalmente no fue así. Si bien dicen que queda en la reserva para la elección siguiente, allí sería competencia para el ingeniero Riquelme de decidir este particular ir por la sucesión de los tres años siguientes.

Pero ahí está también la licenciada Verónica Martínez: tres con tres, tres importantes cargos a cuestas, acaparando con ello toda la representación formal femenina tricolor por estas tierras. Mucho peso, con todo y que hay otras féminas con capacidades y méritos por conquistar, miembros de la generación de relevo —es decir, menores de 30 años— que le den al tricolor márgenes de maniobra en materia de seleccionar cuadros competitivos frente a sus adversarias de otros organismos partidistas. Por ahí se encuentran en búsqueda permanente de una oportunidad para avanzar en sus trayectorias mujeres como las licenciadas Leticia Castaños, Lourdes Quintero y Dulce Pereda, quienes han aportado resultados en las encomiendas recibidas.

Y en la historia que este miércoles circuló profusamente en el “radio pasillo” del edificio municipal, destacó sin duda el episodio que se dice sucedió en su estacionamiento, cuando al ahora casi o ya extitular de Comunicación Social, Johan Uribe, le lanzaron un pastelazo que alcanzó su cara y otro más que se estrelló en su vehículo, luego de lo cual el agresor se retiró raudo del lugar.

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Author: Olga Quirarte Ramírez