¿Cantos de sirena? Puede ser los que escucha en las audiencias que presencian los actos oficiales que en su calidad de titular del Ejecutivo realiza el gobernador Jiménez Salinas durante sus giras de trabajo por los municipios del estado. Si bien pueden formar parte de las estrategias a cargo de los anfitriones, también resultan ser de convencidos pobladores que, a tres años y al alcanzar la primera mitad de su mandato como gobernador, le ven espolones para tal encargo; sobre todo ante el escenario que presentan quienes integran lo que parece ser nuestra cleptocrática sociedad política en el país. Manolo Jiménez Salinas encarna lo que pudieran ser ilusiones, o más bien esperanzas, de que el próximo mandatario del país resulte el sujeto político que ya merece esta nación -y digo presidente-. Así se percibió entre quienes sí estuvieron presentes -no de oídas-, en el acto que presidió en la vecina Matamoros, según pudieron atestiguarlo los observadores ahí reunidos.
El saltillense gobernador no dejó de pronunciarse desde ese lugar ante la crisis que registra el ya resquebrajado INE, planteando como salida urgente su “ciudadanización”, propuesta que claro resulta más que difícil de aceptar por el partido dominante, Morena; pues advierte también que, de dar por perdida la confianza ciudadana en la imparcialidad del árbitro electoral, se corren riesgos aún imponderables, entre ellos la propia gobernabilidad…
Pues vaya que el hecho de que una mujer haya llegado al cargo de titular del Poder Ejecutivo Federal luego de 200 años de vida independiente de México -la primera en alcanzar tal investidura-, ya arroja resultados a la vista; así que estaremos esperando quizás, los que entonces vivan, que en los próximos 200 años no alcance tal encargo ninguna otra. Y no es solo doña Claudia quien genera tales decepciones, al menos a quien esto escribe: son otras más que, en cargos de ejercicio del poder alcanzados por elección -por votación popular-, tampoco dan, que digamos, buenas cuentas. Ahí tiene usted a la gobernadora de Chihuahua, doña Maru, perdida en su laberinto de intereses y mentiras, y con una falta de carácter para resistir las obvias presiones que tal encargo implica, haciéndola aparecer cual si fuera una modesta asistente de un negocio en quiebra ante los acreedores de la empresa donde presta sus servicios. ¿Y qué decir de Marina del Pilar, la primera gobernadora de Baja California, despojada por decisión del imperio vecino de su visa, con todo lo que este documento significa y acredita, y de paso prescindiendo por la vía del divorcio de quien fuera su pareja, ahora bajo señalamientos de presuntos delitos por narcotráfico?
Y si esto fuera poco, asistimos de la mano de otra mujer a uno de los mayores escándalos registrados en el presente régimen, que tal parece dejó ya atrás a los anteriores: el del huachicol y la exoneración oficiosa de los principales señalados -Andy y su grupo-, el de Adán Augusto y su Barredora, amén de la pifia institucional. ¿Y ahora qué decir sobre en qué terminará el caso que protagoniza María Guadalupe Taddei y su singular copartícipe, por denominarlo de algún modo, José Alfredo Hernández Casillas? Un sujeto que parece contar con gran capacidad de seducción y de alentar pasiones seniles, pero más que eso con una enorme habilidad corruptora que encontró terreno fértil en el ya decadente ecosistema al interior del INE gracias a múltiples factores; entre ellos el más acusado en los últimos días: el monopolio de las decisiones a cargo de su presidenta, quien eliminó, dicen, actuación y supervisión alguna de sus consejeros, no solo en materia de proveeduría sino en la designación de cargos clave, amén de la manifiesta debilidad en sus órganos de control, como es el caso de su Contraloría. Condición que le fue entregada a la sonorense -suerte o desgracia según se mire-, y que hoy la coloca en el ojo del huracán. El tema no está concluido y falta mucho por ver en su curso.
Y en Torreón, en tanto que entre el priismo de base -es decir, los que no participan en toma de decisiones cupulares, si bien con su participación las legitiman-, ya no hay duda sobre quién será el próximo candidato a la alcaldía, con todo y que queden por ahí los nombres y trayectorias de algunos eternizados protagonistas que han monopolizado la representación interna y los cargos en disputa desde hace por lo menos quince años -a quienes todos conocen y resulta inútil reiterar-; en la oposición, incluido MORENA en este municipio, el panorama es complejo. Si bien el partido guinda mantiene alguna posibilidad en otros municipios laguneros, como en Francisco I. Madero -donde casi suben al cuadrilátero al médico Jonathan Ávalos para intentar volver a sus fueros en la demarcación más joven de la comarca-, y quizás alguna opción en Viesca, no hay más.
En Torreón, Cintia Cuevas, despojada del capital político que reuniera como titular de los programas sociales y del reparto de apoyos que le permitió acceder a la diputación federal donde transita con más pena que gloria, aspira a la candidatura a la alcaldía de este municipio una vez que el eterno aspirante, el ahora senador Luis Fernando Salazar, parece haber quedado al margen. Incluso hasta “La Pily” anda por ahí intentando alcanzar siquiera la postulación; y sobre todo Antonio Attolini Murra, quien anda desbocado en busca de algún reflector y micrófono que le evite ser borrado por el voluble público político.




